miércoles, 12 de agosto de 2015

Siete años no son nada

La nostalgia siempre tiende a traernos a ciertos lugares. Y aquí estoy, desempolvando añoranzas.
Aunque el cielo ya no sea aquel, intentaré remontar viejos vuelos.
Gorriones de entonces, ojalá estuvieran.
Ojalá.

martes, 12 de febrero de 2008

lunes, 4 de febrero de 2008

Del camino y sus encrucijadas

encrucijada
A lo largo de nuestra existencia, en el camino que hemos decidido llevar, se nos presentan innumerables encrucijadas. Cada una de ellas, depararán para nosotros opciones que serán, como todas, excluyentes.
Es así, y teniendo en cuenta esto es que me encuentro frente al cruce; este camino, el que empecé mediando el año pasado, cuando inicié esta maravillosa empresa, que tantas satisfacciones me ha regalado.
Anteriormente he tocado estos temas, es por ello y para no pecar de reiterativo, no voy a explayarme en demasía respecto al carácter excluyente de las decisiones y sobre sus implicancias en todos nuestros actos futuros y en la percepción que de ellos tengamos.
Lo cierto, y el motivo que me lleva a este inusual post, es que a partir de este momento he decidido hacer un cambio en este blog, al menos en cuanto a su localización. Por diversos motivos, esto se dilató en el tiempo, y aunque no creo que esté del todo listo, creo que es el momento de hacerlo.
A partir de este post (publicado paralelamente en los dos blogs) será esta la página principal, por supuesto, subsistirá el acostumbrado (con su trabalenguas de nombre) blog con el que me inicié.
Espero seguir contando con las visitas de aquellos que me han impulsado hasta el momento, todos sus comentarios son valorados, siempre considerados y en buena parte, han sido el aliento necesario para atravesar los múltiples escollos que se presentan en lo rutinario.
Confío en que sepan disculpar alguna desprolijidad, todo está en proceso de formación, hasta que eventualmente (y espero que sea en el futuro cercano) redunde en más practicidad para la lectura y para acceder a los posts.
Es así que me encuentro frente a la bifurcación del camino, frente a mí, en las brumas de lo desconocido, ante el primer paso en el virgen terreno que he de transitar en adelante.
Fin del primer acto...

Visitar el nuevo sitio

sábado, 26 de enero de 2008

Ridi, Pagliaccio! (Todos aplaudirán la tragedia)





Las candilejas arrojan sus primeras luces, tenues, casi renuentes a iluminar la representación de la tragedia de una vida que comienza.
Inicia sus primeros actos, el proscenio de nuestra existencia, desde el principio bajo un implacable guión de macabro autor. Aquel sin rostro, aquel que pocos se atreven a contrariar.
Seguimos mansamente el papel que nos vino en suerte personificar, por oscuro designio, por fatal inacción, la que nos mantiene impasibles sin cesar a lo largo de nuestra efímera terrenalidad, a las órdenes del libreto que se espera que sigamos.
Comienza la comedia.
Portamos el disfraz, afianzándonos, acostumbrándonos a llevarlo, un condenado resignado a su yugo. Es parte de la comedia, risa por llanto, burlas por sollozos. En nuestro interior, el alma libre pugnando por emerger, sepultada por montañas de convencionalismos.
Los actos transcurren sin cesar, como los años que se agotan, uno a uno, irremediablemente y en cada acto seguido obsecuentemente, una oportunidad más de abandonar la obra escurriéndose por entre las manos.
Ocultamos nuestros sentimientos, callamos el grito de la rebeldía del espíritu, nos adentramos en las oscuras aguas del desolador tedio, siendo espectadores de nuestra propia tragedia, en paciente espera del telón que cierre la farsa.
¡Ríe Payaso, y todos aplaudirán!
Cruel estigma de quienes visten sus ropas, los que ocultan su dolor tras el blanco maquillaje, el trágico rol del payaso, preso de su disfraz, riendo cuando llora por dentro.
Y así será, cuando por fin el telón caiga, que no encontraremos con la realidad del escenario, con la falsedad de la escenografía, simples fachadas, magistral concepción del engaño.
La redención del espíritu, salvación del Payaso, es romper con el libreto, permitirnos la libertad de improvisar, salir del papel que se espera representemos.
Por fin, cuando las candilejas se apaguen, cuando no exista público al que deleitar, en la oscuridad del foro vacío, sólo sobrevivirá la obra única e irrepetible del payaso que se atrevió a mostrar sus lágrimas.

La commedia é finita!



El video es el fragmento final del primer acto de "I Pagliacci" de Ruggiero Leoncavallo, interpretado por Pavarotti, a modo de homenaje a uno de los artistas contemporáneos que más contribuyó a la difusión de los clásicos de la música.
Mal que le pese a muchos elitistas...


lunes, 21 de enero de 2008

Necedad y negación




Sus ojos eran incapaces de transmitir nada.

Simplemente podías mirarlo, fijar tu mirada con la suya y esperar, eterna espera. Sólo lograrías percibir una extraña tensión, fruto de temores fundados en prejuicios. Nada más.

Y nada menos.

La convivencia trae aparejada la familiaridad con la que se puede aceptar a alguien, aunque siempre supieras que sostener esa mirada por demasiado tiempo no era posible. Aún así, ajeno a los agoreros pronósticos, voces siempre dispuestas a juicios infundados, condenatorios de antemano; decidí que podrías convivir.

Siempre ajeno, siempre ausente, dos solitarios, solos entre muchos, inmersos en la ciénaga de sus pensamientos, siempre al acecho, con su esencia latente.

El tiempo pasó, guiándonos a la única certeza, irremediable, como su paso; y seguiste aquí, participándonos de tu presencia, excluyéndonos de tu existencia.

Pudiste engañarnos a todos y tal vez el embuste no fue tuyo, a veces la negación toma rumbos impensados. Nada parecía indicar que serías consecuente con quienes te apuntaban con sus gestos reprobatorios, con sus palabras de odio e ignorancia.

Y ahí seguiste, impasible, en tu rincón de soledades elegidas, con tu mirada fría y vacía. Y el temor latente...

La necedad fue la llave de los cerrojos de la confianza. Esa necedad, negación de la realidad, antítesis de toda razón, fue la que permitió espantar el temor.

Un error imperdonable.

Lo comprendí esa tarde en que te encontré, sentado, impávido, silencioso con tus ojos fríos observándome. A tus pies, los restos inertes de tu víctima, pagando con su vida credulidades ajenas. Justo la más débil, justo la más indefensa, consecuente con tu naturaleza.

Y ahora, con el recuerdo permanente del hedor de la muerte puedo comprender que no se puede traicionar la propia esencia, ese reducto infranqueble, íntimo tesoro que muestra quienes somos realmente.

Las bestias siempre serán bestias, los crédulos siempre creerán.



sábado, 29 de diciembre de 2007

Carta en dos entradas: al silencio


Soñé con la soledad.
Como se sueña con años de amarguras idealizadas por el tiempo.
Y en esos sueños, extrañando una figura que jamás ví, esperando el momento, bestia voraz de deseo insatisfecho, deseando lo que jamás se tuvo.
Un sueño que consumió una vida, una vida en infinita espera de ser vivida, eterno círculo de dolor, alimentándose a cada segundo de la savia vital de la juventud sepultada.
Un día apareciste, con tu sueter verde y tu mirada esquiva. No fue necesario que dijeras nada, sabía quién eras. Y tu perfume inundó mi alma, reviviendo a su paso un corazón reseco de soledad y frustración.
Llegaste para sanar mis heridas, y tal vez no supe darme cuenta. Y aún así estuviste.
La dulzura de tus ojos, tu solapada inocencia y el desparpajo de tu amor por la vida. Conocí la sonrisa, el calor, tu cercanía en mi pecho y el cigarrillo compartido. Tus manos fueron las mías, entrelazándonos en uno solo, guiándome por senderos desconocidos.
Tirano de los silencios, como mudos tu sollozos; y el fulgor de tu alma, impasible, a pesar de mí.
Siete años pasaron, de bonanzas y tormentas, y un milagro proyectándonos.
Y en mis silencios, en mis noches esquivas, pobres palabras, pobre consuelo de necio.
Y tarde, como siempre.

Carta en dos entradas: antes de conocerte


Recuerdo haberte soñado de mil formas, tu perfume, el timbre de tu voz.
Casi podría decir que te reconocería en el momento que nuestros caminos se cruzaran por primera vez.
Durante años anidaste en mis deseos más profundos, ocupando cada rincón en mis pensamientos. Entraste en mis visiones subrepticiamente, escurriéndote por entre los rincones de mis juveniles fantasías.
Te construí como se construye un castillo en la arena, te fui dando forma, creando el dulce sonido de la voz que jamás escuché, imaginé tus ojos y ya no existió mayor pureza, la suavidad de tu piel, y el escozor de su cercanía.
Hasta te doté de un espíritu y cobraste vida, creciendo, sintiendo, amando. Tu corazón latió junto al mío al unísono de una sinfonía que jamás podrá ejecutarse. Nos elevamos y fuimos sólo uno.
Por años te esperé, a cada segundo imaginé verte en mil rostros desconocidos. Te busqué y en la búsqueda se me fue la vida.
Mis juveniles fantasías ya no son juveniles, y el tiempo, el mismo que me cubrió con su blanco manto, me dijo que tal vez no te conocía. Tal vez fuiste uno de los rostros que olvidé. Nunca podré saberlo.
Y en el minuto final, cuando todos los misterios dejen de serlo, sabré que siempre estuviste conmigo.

domingo, 23 de diciembre de 2007

Memoria y balance


No por remanido menos necesario. Una evaluación, pausa y reflexión de lo que dejó este año.
Es imposible resumir todo lo acontecido en una sola frase. Es tal el espectro de situaciones, sensaciones y vivencias que harían esta empresa un verdadero imposible.
Me queda si, la reafirmación de pensamientos, una forma de encarar la vida. Tal vez sea un camino plagado de escollos, pero en mi interior, mantengo la satisfacción de la firmeza de lo que pienso.
Han sido innumerables, penosas y difíciles, pero con la coherencia como principio rector, al menos es un consuelo. Quiero ser claro en este punto: no me interesa ser políticamente correcto. Sólo debo fidelidad a los principios que me mantinen en pie. Ud. que está leyendo esto, tal vez haya sido testigo de lo que puede llamarse una visión oscura de la vida. Mi visión: mi vida. No quiero disimularlo, las cosas que me molestan me molestan en serio y aquellas que me producen alegría trato de disfrutarlas de la mejor manera posible. Tal vez sea una verdad de Perogrullo, pero por acción de muchísimos factores son pocas las veces en que este principio puede ser puesto en práctica. Convencionalismos, creencias, carencias entre otras, nos quitan la posiblidad de regalarnos a nosotros mismos el tesoro de la coherencia. La necesaria correlación entre sentir y actuar, creer y defender esa postura, el precioso sentimiento de la fidelidad a nuestro verdadero sentir.
Y en el proceso, a veces debemos toparnos con la indiferencia, el rechazo y la incomprensión, pero son precios demasiado bajos para amedrentarnos, en tanto nos quede la satisfacción de la lucha. Porque es este proceso la verdadera esencia de nuestro legado al mundo. No podemos caer en la ilusión de que todo pueda ser cumplido, que todo cuanto deseamos pueda ser posible. Hacerlo, nos condena a constantes desilusiones, frustraciones que no hacen sino dejarnos a merced de embusteros que nos ofrecen soluciones eternas.
Ha sido este, un año de matices claroscuros, como suelen serlo todos, pero ha sido en suma importante, porque me permitió adentrarme en este intrincado mundo de la manifestación escrita de mis pensamientos. Discutir si es bueno o no, si sirve de algo o no, me excede absolutamente. No me compete a mí hacerlo, dejo a cada uno de Uds. tal valoración. Sin embargo, a través de este medio he podido conocer algunas personas de quienes no puedo ocultar mi admiración. Creo que ya lo saben los aludidos, por los que voy ahorrar(les) la lisonja.
Las mutaciones en la dirección que tomó este humilde blog, (humilde por diversas razones: ya verán que no existe el menor alarde de talento en el diseño, por no contar con una inmensa cantidad de visitas, etc.) son las mismas que acompañan estados de ánimo, o por qué no, las que siguen a la dinámica de las ideas. El pensamiento no debería ser estático, siempre debe estar en movimiento, agazapado en procura de una dirección a seguir. Así lo siento.
Es por ello que decidí en su momento desechar algunos tópicos y encaminarme hacia otros, tanto como decidí una forma de publicar. Espero que sepan disculpar erratas involuntarias, todo lo que se publica se hace "en caliente", esto es, sin revisiones y tal como sale, como una forma de evitar que se pierda lo espontáneo. Algunas saldrán mejores que otras, pero prefiero eso a tener que cercenar lo que pienso en el momento que publico un post.
Para concluir, mi sincero agradecimiento a quienes comentan (fundamentalmente), son una parte necesaria y el combustible necesario para seguir con esto. A los visitantes ocasionales, a quienes llegar sin querer o por equivocación, mis agradecimientos también, puesto que de esta manera he podido descubrir a personas de honda sensibilidad, sumamente talentosas y que me han permitido conocer lo valioso de sus ideas, aunque a alguna de ellas haya llegado accidentalmente.
Espero poder publicar más seguido, a veces se complica, y no puedo darle a este espacio todo el tiempo que quisiera, pero con el inicio del nuevo año espero tener disponer de los momentos necesarios.
A todos: a quienes regresan a menudo, a quien lo hace ocasionalmente, por error o descuido. A quienes me otorgan el regalo de sus comentarios, a quienes no lo hacen: los insto a descubrir lo maravilloso de la retroalimentación de ideas.
A todos: muchas gracias y felicidades.

martes, 11 de diciembre de 2007

Dualidad


Fue una noche como cualquier otra. Apenas había posado sus pies en el interior del sombrío departamento. El vaho acumulado de todo un día de verano hacía que el ambiente fuese absolutamente irrespirable.
La morada de un hombre sin hogar, pensó para sí mismo, al contemplar lo espartano de la decoración. No necesitaba demasiado, en realidad, él hacía su vida afuera. Ésto era sólo un lugar para dormir, seguramente más barato que un hotel.
Rápidamente se quitó el traje, pegado en su cuerpo, con los rastros de sudor aún empapando su camisa. Necesitaba un baño, sentirse libre y fresco, aunque en su interior fuese un inconmensurable mar de magma. Una simple grieta sería suficiente para hacerlo estallar.
El contestador repitió su consabido coro: llamadas intrascendentes, cosas del trabajo.
Entonces, el segundo que cambiaría su vida en absoluto.
Una figura, fugaz, esquiva, colándose de soslayo por entre las sombras, para por fin detenerse en un rincón. No emitió sonido, se quedó allí, estática, mirándolo fijamente.
Sólo pudo mirarla por el rabillo del ojo, paralizado por el horror. No se consideraba una persona impresionable, pero siempre hay excepciones.
Una sombra, sólo dos ojos ojos, enormes, penetrantes, observándolo fijamente, sin proferir sonido alguno. Sintió que se clavaban en los suyos, dos dagas perforándolo. Preso del pavor, aunque intentase, las palabras no salían de sus labios. Fue la bestia la que por fin rompió el silencio.
-Soy la respuesta a todas las plegarias, vengo del lugar donde todas las metas son alcanzadas. donde todos los anhelos son satisfechos, todos los interrogantes están resueltos, y hacia allí vas...
La bestia, en un solo movimiento repentino se abalanzó sobre él, inmovilizándolo, ahogando los alaridos con sus garras. -Ahora tu viaje debe comenzar.
Y de repente estaba ahí, sobrevolando el mundo, pero no el que conocía. Un mundo de paz, un mundo perfecto; el horrible ser estaba a su lado. No lucía tan atemorizante. ¿Cuál es tu nombre? apenas pudo balbucear. -Mi nombre no interesa, tengo tantos como pueblos me han nombrado, estoy en todas partes sin que nadie se atreva a decirlo. Lo que importa es que conozcas lo que vengo a obsequiarte...
Vio su propia vida, lo actual y lo futuro, se vio obtener cada uno de sus logros más deseados, uno a uno se fueron cumpliendo todos sus sueños, mientras la horripilante bestia zalamera gritaba estrepitosamente su júbilo fingido. Le aseguró que todo cuanto desease estaría a su alcance, tan sólo de pensarlo y ya estaría concedido. -Ya no volverás a preocuparte por nada, en esta tierra maravillosa todo es tuyo, dijo, al momento que le arrojaba encima todas las riquezas que podía sostener.
-Sólo una condición debes cumplir, sólo una y de tan pequeña no sabrás que lo has hecho, susurraba al tiempo que le envolvía con sus garras - Lo terrenal de esta vida, su agridulce sabor te será ajeno desde ahora. Si deseas el premio, debes renunciar a tu condición humana, debes negar tu naturaleza, tu impulso vital, la esencia de tu ser. Será el renunciamiento la llave que abra todas las puertas. Será tu negación lo que te hará inmortal. Y el precio es bajo, un vida de condicionamientos por una eternidad de placer...
-Te visitaré mañana en la noche, me comunicarás tu decisión, aunque te conozco lo suficiente para ya saberla de antemano. No debes pensar demasiado, nadie ni nada podrá darte más que esto que pongo a tu disposición...
Despertó en su espartano departamento, oscuro y caluroso, creyó haber tenido un mal sueño y nada más. pero pudo observar que los ojos de la criatura estaban allí. Donde mirase, esa bestia maligna estaba. -Debo decidir, repitió para sus adentros, no hay demasiado que pensar. Un mundo donde todo es posible con sólo desearlo, un mundo donde nada me es negado, mis anhelos aún los más retorcidos. No hay demasiado que pensar.
La noche llegó, y tras ellas varias más; cuando el olor nauseabundo del cuerpo que se descomponía alertó a los vecinos decidieron abrir la puerta. Junto al cuerpo del hombre que yacía sin vida, sosteniendo un arma en su mano, se encontraba una nota. Sin demasiadas palabras, sin destinatario específico.
De nada quiero una vida, si esa no es vida, de nada quiero un paraíso donde todo sea posible, donde nada me cueste, donde nada disfrute. De nada serviría desear el amor, porque no lo habría conquistado. No quiero ese paraíso, eso sólo puede ser el infierno.
La bestia se vale de cualquier método para lograr su objetivo. Aunque esa bestia seamos nosotros mismos.

domingo, 25 de noviembre de 2007

Iniquidad


¿Cómo será el mundo visto desde una jaula?
La pregunta apareció de la nada. Recordó haberse preguntado eso mismo muchos años atrás, en la inocencia de su temprana niñez, en una calurosa siesta de verano, mirando la dorada prisión del inocente canario. Su destino, sellado desde el principio, había sido la cárcel que lo albergaba. Su canto, lo bello de su trinar, había sido su desgracia; sin juicio, sin delito. Tan sólo condenado por ser bello. La naturaleza cínica de los hombres.
Se lo había preguntado a sí mismo en su infancia, hoy, varios años después, como un déjà vu de su niñez, la pregunta retumbaba en su cabeza. No le dio demasiada importancia, tan sólo era el aburrimiento que le hacía divagar.
En el fondo sabía que había algo más.
Transcurrieron días, varios, chatos, con el sonido de su propia voz de niño y su interrogante. Había descubierto los primeros esbozos del concepto de injusticia, viéndola, apreciándola en aquel pajarito que desconocía la verdadera naturaleza de su miseria. Nada sabía de eso, obstinadamente regalaba a sus carceleros los dulces sonidos de su canto. La vida es así, pensó con su mente contaminada ya por años de iniquidades.
Pero el cinismo no es sólo atributo de los hombres, la dorada jaula, su encierro y esclavitud era todo lo que conocía, tal vez liberarlo, ya con sus instintos sepultados sería entregarlo a una muerte segura. Con los hombres suele suceder lo mismo.
Pensó en sí mismo, recorriendo sus propias vivencias, en el espanto que le produjo aquel primer avistamiento de la crueldad, y en cómo esas primeras sensaciones fueron perdiendo su fuerza a medida que las vio repetirse. Pensó en sí mismo volviéndose insensible, como una defensa ante lo inevitable.
Por donde veía alcanzaba a observar jaulas. Hombres, niños, nadie quedaba fuera. ¿Qué sería de ellos sin las jaulas?
Nunca le convenció la remanida analogía de la vida en la selva. Allí todo es armonía, en perfecto balance, constante tragedia de la vida, cada uno de los elementos que la componen son parte fundamental. Hasta el último de los insectos cumple su rol para asegurar que el andamiaje del ecosistema se mantenga en pie. No pasa lo mismo en el mundo de los hombres. Donde se vapulea sin piedad al otro sin más recompensa que la satisfacción de su sadismo.
Y el mundo, impasible, en su giro permanente.
Jaulas. Los barrotes están ahí, frente a todos. La misma ceguera ante el dolor ajeno impide verlos. Pero están ahí.
Ahora sabe cómo se ve el mundo desde una jaula.